Para los que eran niños y jóvenes a mediados del siglo XX existe una imagen inolvidable de la fortaleza de carácter, del empuje, contrastante a veces con la comprensión, de mujeres que como educadoras, fueron madres para miles de estudiantes, en la vieja Santo Domingo de Guzmán, entonces Ciudad Trujillo. Estas mujeres impresionaban y a menudo venían en grupos de una sola familia.
Esta profesión, la cual se asegura ser la mas bendecida por Dios, era ejercida con tesón por muchas otras mujeres que ya algunos colaboradores podrán mencionar. Aquí van algunas de las que tuvimos la suerte de conocer.
¿Quien no ha escuchado nombrar a las Amiama, donde se empezaba el a-e-i-o-u mezclado con el juego y los primeros intentos de socialización? ¿Les suena el nombre de las Nivar, las Montás, las Roque, las Cabral? siendo su exponente máximo en esta última familia, Atala Cabral Ramírez, quien con su disciplina y rectitud aún supo mencionar y alabar cada mañana la gran labor de las madres, que ella deducía por el planchado del uniforme, por el ajuste del peinado, el lustre de los zapatos y además por la postura y la compostura.
En San Pedro de Macorís, las Hermanas Crime con su estilo particular traído de las islas británicas, sus bailes folklóricos y sus, para la época, avanzadas clases de inglés.
Otras hermanas inolvidables aunque no de sangre, si de alma y corazón: las monjas del Colegio Cristo Rey ¡Qué manera de laborar! ¡Cómo brillaban esos pisos!....el perfume de las flores frescas en una capilla, donde era imposible creer que los santos no nos escucharían. La sacralidad del coro en latín, los bordados, las canciones asturianas, la vida grupal manifestada de manera increíble. Los paseos y el intercambio con otros colegios y pueblos, hasta entonces desconocidos para algunas de nosotras.
Esta profesión, la cual se asegura ser la mas bendecida por Dios, era ejercida con tesón por muchas otras mujeres que ya algunos colaboradores podrán mencionar. Aquí van algunas de las que tuvimos la suerte de conocer.
¿Quien no ha escuchado nombrar a las Amiama, donde se empezaba el a-e-i-o-u mezclado con el juego y los primeros intentos de socialización? ¿Les suena el nombre de las Nivar, las Montás, las Roque, las Cabral? siendo su exponente máximo en esta última familia, Atala Cabral Ramírez, quien con su disciplina y rectitud aún supo mencionar y alabar cada mañana la gran labor de las madres, que ella deducía por el planchado del uniforme, por el ajuste del peinado, el lustre de los zapatos y además por la postura y la compostura.
En San Pedro de Macorís, las Hermanas Crime con su estilo particular traído de las islas británicas, sus bailes folklóricos y sus, para la época, avanzadas clases de inglés.
Otras hermanas inolvidables aunque no de sangre, si de alma y corazón: las monjas del Colegio Cristo Rey ¡Qué manera de laborar! ¡Cómo brillaban esos pisos!....el perfume de las flores frescas en una capilla, donde era imposible creer que los santos no nos escucharían. La sacralidad del coro en latín, los bordados, las canciones asturianas, la vida grupal manifestada de manera increíble. Los paseos y el intercambio con otros colegios y pueblos, hasta entonces desconocidos para algunas de nosotras.
Los expertos suelen insistir en la educación continua en una misma institución, donde todos se conocen desde un principio. Eso es saludable tanto para los niños, como para padres y maestros, llegando a formar una gran familia que se ayuda y solidariza en todo momento. Sin embargo, el pasar de un plantel a otro durante los años escolares, nos da una visión mas amplia del mundo y nos prepara mejor para las adversidades propias de la emigración, entre otras.
¡Cuánto nos hubiésemos perdido de no haber saltado de un centro escolar a otro, debido a los traslados del cabeza de familia!
Las marchas escolares en días especiales, luciendo el uniforme de gala, para pasar por delante del palco del "Jefe" frente al malecón; la disciplina y el respeto infundido por doña Atala Cabral; la dedicación de las Montás; la moral y cívica impartida por las Crime y la Historia Sagrada por las monjas franciscanas. Todo esto unido a las buenas maneras de las Nivar, donde cabe destacar a Doña Gladys Nivar de Scaroina, quien con su sentido práctico y de humor lograba que todo acto, sin estrés, se luciera.
Por su parte, las Roque anticipaban la batalla de la hoy madre soltera, con sus esposos desterrados por siempre, durante la dictadura.
O sea que aprendimos a ser soldados de la tierra y del cielo, gracias a la diversidad de estilos que iban desde lo recio hasta lo jocoso. La fortaleza de estas intrépidas mujeres, incluyendo uno que otro desagradable incidente disciplinario, nos prepararon para enfrentar un mundo que no pregunta, antes de subitamente dejarnos aislados y solos, en cualquier rincón del planeta.
Dentro de todas estas mujeres, herederas del legado de Salomé Ureña de Henriquez, existía una fuerza que dejaba entrever el camino hacia una nueva Era. Ellas abrieron las puertas del respeto hacia el aporte femenino, ya no solo como madre y esposa, sino como patriota, empresaria y visionaria, en todas las ramas que hasta entonces le habian sido vedadas.
¡No por eso dejaron ellas de ser femeninas! ¡Manifestaron el balance perfecto! que al fin se ha visto recompensado con el eterno y callado agradecimiento, de toda una generación.
Escrito por Fedora Cabral de Rumland; Atanay
http://www.provinciasdominicanas.org/
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