La mujer no es el sexo débil
La mujer se considera el “Sexo débil”, desde el punto de vista de contextura, sin embargo con sus acciones diarias demuestra cuán fuerte puede llegar a ser.
El hombre en sentido general no lo cree de esta manera, aunque hay algunos excepcionales que no solo lo reconocen, sino lo premian con su consideración, respeto, colaboración y amor en acción diarios.
Desde los tiempos más remotos hasta nuestro presente (en pleno siglo XXI), la presencia de la mujer en este mundo, se ha constituido en todo un RETO para el hombre (cuando debería ser todo lo contrario), ya que el hombre no parece reconocer aún (hay excepciones), que en ella radica principalmente toda su fuerza y la sigue relegando a un segundo plano de manera abierta, deliberada e injustificada, otorgándose a sí mismo, todos los derechos de supremacía, prioridad e importancia, por el simple hecho de haber nacido: “hombre”.
Pero si hablamos de “supremacía y fuerza”, tendríamos necesariamente que señalar aquí y ahora, que no en toda la extensión de la palabra: “hombre”, habita toda esa fuerza tan difundida, promovida y defendida por el género viril, ya que está demostrado estadísticamente que la mujer ha evolucionado de manera descomunal a la par del hombre (con él, o sin él), adoptando en todos los tiempos y en todos los terrenos, innumerables desafíos que la colocan meritoriamente como: “La Reina de la Naturaleza”.
Una reina sin trono, sin cetro y sin corona, que debido a la cultura, a su entorno, a las bases establecidas por la misma sociedad, o a lo que sea, ha tenido que fragmentar, dosificar y codificar su propia “fuerza-ternura”, para desempeñar exitosamente todos los roles que tiene y que le han sido impuestos (casi a la fuerza), o que ella misma ha tenido que adoptar, debido a las circunstancias de una sociedad tradicionalista que ya estaba hecha desde su nacimiento, y que no le permite muchas veces proyectarse como ella quisiera o debiera hacerlo, porque es juzgada y condenada, sin darle ni siquiera la oportunidad de defenderse.
Sin embargo y a pesar de todo, la mujer, como una verdadera amazona y guerrera, ha tenido el valor y el coraje de rasgar los velos del misterio, reconociendo y trascendiendo sus propios paradigmas de vida, y hasta los ajenos, para ir decididamente más allá de lo que el mundo establecido le ofrece casi como una limosna. Un mundo ya de por sí, herido de muerte que fue conformado por leyes terrestres que ya resultan rancias, obsoletas, caducas y estancadas en la actualidad, por no decir: Involutivas y hasta sarcásticas.